Os cuelgo el cuento para que lo tengáis. También os paso la practica para que la uséis cuando queráis.
Era una niña simpática y popular a la que todos querían. Era tan divertida, buena y amable con todos, que le trataban estupendamente, siempre regalándole cosas y preocupándose por ella. Y como todo se lo daban hecho y todo lo tenía incluso antes de pedirlo, resultó que Juanita se fue convirtiendo en una niña blandita; estaba tan consentida por todos que no aguantaba nada, ni tenía fuerza de voluntad ninguna: las piedras en el zapato parecían matarle, si sentía frío se abrigaba como si estuviera en el polo, si hacía calor la camiseta no le duraba puesta ni un minuto y cuando se caía y se hacía una herida... bueno, eso era terrible, ¡había que llamar a un ambulancia!.
Y se fue haciendo tan notorio que Juanita era tan blanda, que un día la propio Juanita escuchó como una mamá le decía a su hija "venga, hija, levanta y deja de llorar, que pareces Juanita Juanolas". Puff, aquello le hizo sentir tanta vergüenza, que no sabía qué hacer, pero estaba segura de que prefería que le conocieran por ser una niña simpática que por ser "una blandita". Durante algunos días trató de ver cuánto podía aguantar las cosas, y era verdad: no aguantaba nada, todo le resultaba imposible de soportar y cualquier dolor le hacía soltar lágrimas y lágrimas.
Y se fue haciendo tan notorio que Juanita era tan blanda, que un día la propio Juanita escuchó como una mamá le decía a su hija "venga, hija, levanta y deja de llorar, que pareces Juanita Juanolas". Puff, aquello le hizo sentir tanta vergüenza, que no sabía qué hacer, pero estaba segura de que prefería que le conocieran por ser una niña simpática que por ser "una blandita". Durante algunos días trató de ver cuánto podía aguantar las cosas, y era verdad: no aguantaba nada, todo le resultaba imposible de soportar y cualquier dolor le hacía soltar lágrimas y lágrimas.
Así que, preocupada, se lo dijo a su Jesús, aunque le daba mucho miedo que se riera por sus preocupaciones. Pero Jesús, lejos de reírse, le contó que él tenía un truco secreto para convertirse en la chica más maja , valiente y fuerte.
-¿Y cuál es ese truco?
- Comer una golosina menos, estudiar un minuto más, y contar hasta 5 antes de llorar.
Juanita no se lo podía creer
-"¿sólo con eso?, ¡si está chupado!".
- sólo con eso -dijo Jesús- es muy fácil, pero te aviso que te costará un poco.
Juanita se fue contentísima dispuesta a seguir aquel consejo al pie de la letra. Al llegar junto a su mamá, ésta le vio tan contenta que le dio dos golosinas. "Una golosina menos", pensó Juanita, así que sólo cogió una, pero comprobó que Jesús tenía razón: ¡le costó muchísimo dejar la otra en la mano de su madre!
Aquella misma tarde tuvo ocasión de poner el truco en práctica, y estudiar un minuto más. ¡Se perdió el primer minuto de su programa favorito! pero al conseguir hacerlo se sintió muy satisfecha, lo mismo que ocurrió cuando se dió un golpe con la esquina de la mesa: sólo pudo contar hasta 4, pero su mamá quedó impresionadísima con todo lo que había aguantado.
Y así, durante los siguientes días, Juanita siguió aplicando el lema de comer una golosina menos, estudiar un minuto más, y contar hasta 5 antes de llorar. Y cuanto más lo aplicaba, menos le costaba, y en poco tiempo se dió cuenta de que no sólo podía comer menos golosinas, estudiar más, y llorar menos, sino que también podía hacer cosas que antes le parecían imposibles, como comer verduras o correr durante largo rato.
Y contentísima, cogió un papel, escribió el truco, y lo guardó en un cofre con un cartel que decía."Cosas importantísimas que tendré que contar a mis hijos"
-¿Y cuál es ese truco?
- Comer una golosina menos, estudiar un minuto más, y contar hasta 5 antes de llorar.
Juanita no se lo podía creer
-"¿sólo con eso?, ¡si está chupado!".
- sólo con eso -dijo Jesús- es muy fácil, pero te aviso que te costará un poco.
Juanita se fue contentísima dispuesta a seguir aquel consejo al pie de la letra. Al llegar junto a su mamá, ésta le vio tan contenta que le dio dos golosinas. "Una golosina menos", pensó Juanita, así que sólo cogió una, pero comprobó que Jesús tenía razón: ¡le costó muchísimo dejar la otra en la mano de su madre!
Aquella misma tarde tuvo ocasión de poner el truco en práctica, y estudiar un minuto más. ¡Se perdió el primer minuto de su programa favorito! pero al conseguir hacerlo se sintió muy satisfecha, lo mismo que ocurrió cuando se dió un golpe con la esquina de la mesa: sólo pudo contar hasta 4, pero su mamá quedó impresionadísima con todo lo que había aguantado.
Y así, durante los siguientes días, Juanita siguió aplicando el lema de comer una golosina menos, estudiar un minuto más, y contar hasta 5 antes de llorar. Y cuanto más lo aplicaba, menos le costaba, y en poco tiempo se dió cuenta de que no sólo podía comer menos golosinas, estudiar más, y llorar menos, sino que también podía hacer cosas que antes le parecían imposibles, como comer verduras o correr durante largo rato.
Y contentísima, cogió un papel, escribió el truco, y lo guardó en un cofre con un cartel que decía."Cosas importantísimas que tendré que contar a mis hijos"


No hay comentarios:
Publicar un comentario